Querido líder: ¡Ríase por favor!

La cultura popular reconoce los múltiples beneficios de la risa en nuestras vidas. Sólo tenemos que detenernos a observar a esos amigos, compañeros de trabajo, etc. cuyas carcajadas continuas les caracterizan.

Les consideramos personas felices,  que se toman la vida con filosofía y que nos contagian su positivismo, su buen rollo. Suelen estar siempre acompañados, y el resto de personas en la mayoría de los casos, los valoran de forma muy positiva.
¿Quién no querría estar cerca de ellos  y “alegrarnos el día”?

A nivel fisiológico, la risa libera en nuestro cuerpo las hormonas endorfinas, también denominadas “hormonas del bienestar” ya que entre sus propiedades está la de hacernos sentir bien.
Todo esto nos hace reflexionar sobre la verdadera importancia de la risa en nuestro día a día, y por este motivo muchos de nosotros dedicamos nuestro tiempo libre a actividades que provocan esta placentera respuesta biológica (juegos, cine, cenas con amigos, etc).
¿Pero qué pasa en nuestro trabajo?
Concretamente para vosotros, nuestros queridos  líderes: entre las prisas, obligaciones, reuniones y horarios interminables… ¿qué importancia le dais a reír?

Para todos aquellos líderes que han emitido alguna de estas respuestas (o sus variantes): No le doy ninguna importancia; ¡No tengo tiempo ni de reírme!; ¡Mi risa acabó cuando empezó la dichosa crisis!… os recomiendo la lectura del libro “El líder resonante crea más” de los autores Daniel Goleman, Richard Boyatzis y Annie Mckee, los cuales enmarcan el concepto de Inteligencia Emocional en la tan valorada capacidad de liderazgo.
Los autores defienden la necesidad de disponer de líderes que sepan gestionar sus emociones y provoquen un contagio emocional positivo en sus equipos (líderes resonantes), ya que el aumento del clima emocional en los equipos de trabajo va acompañado de un aumento de resultados o rendimiento grupal.
Estos líderes o “imanes emocionales” atraen a sus empleados a un estado de ánimo más óptimo para la consecución de sus tareas.
Sobre este contagio emocional, dichos autores lo tienen claro:

 La risa es la más contagiosa de todas las señales emocionales. (El líder resonante crea más).

Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer para contagiar nuestro estado emocional positivo a nuestro equipo?

  1. Tomarlo como una obligación más de nuestro puesto. Al igual que no dejamos de cumplir con nuestras principales tareas porque “no nos apetece”, o “no estamos de humor”, no debemos dejar de lado una de las principales obligaciones de todo líder: propiciar el clima adecuado en su equipo para potenciar el rendimiento de éste.
  2. Reflexiona cuál es tu situación presente, qué hay detrás de esa falta de alegría, y piensa sobre las desventajas de contagiar estados de ánimos negativos en la gente que te rodea (equipo, familia, amigos, pareja).
  3. ¿Y si no tenemos ganas de reírnos?. Así como la sonrisa se puede falsear, la risa no natural es percibida fácilmente por el resto de personas, así que ante una situación de estrés, desánimo, falta de motivación, etc. es conveniente acudir a profesionales adecuados (psicólogos, coachs, terapeutas…) para poder retomar un estado de ánimo saludable.

 “La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa”. Mark Twain

 

 

¡Conviértete en Oreja de Elefante!

Hace unos días pude asistir a una de las cápsulas para emprendedores que organiza la entidad Barcelona Activa.

En este caso se abordaban los errores más comunes a los que se enfrenta un emprendedor, de la mano del señor Enric Puig, miembro de la Asociación SECOT.

Entre todas las ideas y reflexiones que surgieron de la ponencia, me llamó especialmente la atención una metáfora con la que ilustraba el cambio de estrategia que se había producido en los últimos años a la hora de contratar ciertos perfiles de empleados.
El ponente nos argumentaba que hace unas décadas, cuando él dirigía una red de 1800 comerciales, se buscaban los denominados “piquitos de oro”, mientras  que en la actualidad esto ha cambiado y las empresas se ven inmersas en la búsqueda de otro tipo de perfil “el oreja de elefante”.

 Piquito de oro: estos empleados eran personas muy extrovertidas, con una gran capacidad y fluidez verbal, y que conseguían relatar las características y  ventajas de sus productos sin dejar ni siquiera que el cliente tomara aliento para intervenir en la conversación.

Oreja Elefante: estos nuevos empleados en lugar de entonar la cancioncilla de beneficios de lo productos o servicios, permanecen callados con el objetivo de escuchar lo que el cliente tiene que decir, cuáles son sus necesidades reales y que quieren conseguir con aquello que se les está ofreciendo.

Dándoles varias vueltas al tema, llegué a la conclusión que estos dos perfiles reflejan en muchos casos, la realidad con la que nuestros clientes se encuentran al comenzar  un proceso de Coaching.

¿Qué tipo de perfil prevalece en tus sesiones como coach?

Si escuchas a tu cliente; formulas preguntas cortas, abiertas y poderosas para que él pueda expresar sus necesidades y sus propias reflexiones; respetas sus silencios sin romperlos; si no argumentas cada una de tus preguntas y acciones…
¡Bienvenido orejas de elefante!

Por el contrario, si te das cuenta que en tus sesiones se escucha más tu voz, le das más importancia a tus “sabias palabras” e incluso a veces te pierdes porque tu mente está buscando la pregunta genial que formularas para cambiar la vida a tu cliente…
¡Mírate al espejo! Y verás reflejado a un perfecto “piquito de oro”

Si quieres que tu cliente se beneficie del proceso de Coaching:
¡No entrenes tu piquito de oro! ¡Potencia tus orejas de elefante!