¡Superando la adversidad!

 

Estamos tan habituados a la estabilidad, a que las cosas “sean como tienen que ser” (falsa creencia generalizada) que cuando llega algo inesperado, como una ruptura, un despido, una enfermedad, o la muerte de un ser querido… la vida nos golpea bien fuerte.

En esos momentos nos volvemos pequeñitos, inseguros, llenos de miedo y con tanta incertidumbre sobre el futuro, que nuestra esperanza se comienza a desdibujar ante nuestros ojos.

Y es que la vida no conoce el significado de “estabilidad”, ¡la vida es cambio! , y por este motivo nos proporciona alegrías y adversidades sin previo aviso.


¿CÓMO PODEMOS ESTAR PREPARADOS ANTE UNA DIFICULTAD?

Es importante tener claro que un cambio sólo es el inicio de una nueva etapa. A veces esta etapa implica un aumento de nuestro bienestar personal, y en otras ocasiones se corresponde con un periodo de adversidad en el que debemos adaptarnos para afrontar la situación, aprender y salir airosos de esta vivencia.

Recibir el apoyo y ayuda de las personas que te rodean, ser realista ante la situación pero manteniendo la esperanza, encontrar un motivo para salir adelante, y trabajar un estado de ánimo positivo (con ayuda de familiares, amigos, o un profesional de la psicología si es necesario…) son factores que te ayudarán a levantarte, y superar la embestida que la vida  te proporcionó.

En esta situación, resulta de vital importancia no perder nuestro norte (algo tan difícil a veces en momentos de dificultad). Así que es vital recordar que nuestra vida sigue teniendo su significado, y que este propósito puede convertirse en la brújula necesaria para, de nuevo, tomar el rumbo.

Si te encuentras en esta situación, y no encuentras qué significado tiene tu vida en estos momentos duros, te recomiendo la lectura del libro “El hombre en busca del sentido” del Viktor Frankl, en la que este psiquiatra austriaco cuenta sus vivencias en un campo de concentración, y cómo consiguió sobrevivir física y mentalmente a esta desgracia.

Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento. Viktor Frankl

Desgraciadamente no hay una fórmula mágica universal para combatir “nuestros malos momentos” pero si existe una capacidad, llamada resiliencia, que nos ayuda a manejar este tipo de situaciones dolorosas de la mejor manera posible para nuestro propio bienestar personal. Puedes encontrar los puntos básicos de esta súper capacidad, en mi artículo “Resiliencia: la capacidad que tienen las mujeres fuertes”,  del Blog Mujeres Fuertes.

Os animo a que busquéis historias de superación, habléis con personas que han vivido situaciones parecidas y han sabido salir airosas de éstas. ¡No perdáis la esperanza y sed fuertes!

¡Si la vida te da una sacudida, sé tú quien le golpee dos veces!

 

 

Hablando de autoestima

Hablar de autoestima se ha convertido en algo muy común, pero sin embargo tener una autoestima sana todavía no ha pasado a ser “lo habitual” en nuestra sociedad.

Todos conocemos en mayor o menor medida, cómo impacta en nuestro equilibrio y bienestar personal estar desprovistos de una buena autoimagen y autoconcepto, pero no todos encontramos la manera de poder construir, o reconstruir esta valoración positiva de nosotros mismos.

La autoestima es la capacidad de dirigir una mirada amable hacia nosotros mismos. Es la decisión firme de querernos, reconocernos, valorarnos y de respectarnos independientemente del contexto, situación o resultados que estemos experimentando.

La autoestima no es igual a querernos por nuestros éxitos… la autoestima significa que decidimos respetarnos y reconocer nuestra valía en nuestros momentos de logros y también en los fracasos.

Es una habilidad que podemos y debemos trabajar de manera consciente para aprender a ser realistas con las expectativas o exigencias que nos imponemos debido a que aunque sea bueno desafiarnos, si lo llevamos al extremo y nos manejamos en la utopía podemos convertir nuestra vida en un camino de frustración continua.
Nos permite reconocer nuestras capacidades, recursos y potencialidad, aceptando también de manera positiva nuestras posibles limitaciones.

La autoestima engloba los conocimientos, sentimientos y las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, y todo esto, impacta en nuestra mente, condicionando nuestro diálogo interno (lo que nos decimos a nosotros mismos).
Una autoestima sana nos lleva a tener un diálogo interno más realista y respetuoso, y a no generalizar nuestros fallos o dramatizar nuestros errores.
“Tengo valor aunque a veces me equivoque”, “las personas pueden encontrarme interesante”, “me merezco las cosas positivas que me pasan”, etc.

Es importante ser consciente de qué nos decimos día a día, ya que esto está relacionado en cómo nos sentimos, cómo reacciones antes determinadas situaciones e incluso, condiciona cómo interpretamos nuestras vivencias.
Según como se encuentre tu autoestima todo el proceso de percepción- pensamiento-emoción-acción puede convertirse en un círculo vicioso (que haga descender aún más tu nivel de autoestima) o virtuoso (que mejore tu valoración de ti mismo/a).

Por todo ello es imprescindible que reflexionemos sobre cómo se encuentra nuestro nivel de autoestima en nuestro presente.

 

Si te interesa saber un poquito más, no dudes en consultar mi artículo “Los tres primeros pasos para una autoestima sana” del Blog de Mujeres fuertes.

Mi experiencia con coaching el con caballos

Hace ya bastantes meses me llegó a mi correo un email un tanto especial. En él, Eliane Bernard, coach y facilitadora internacional, me escribía solicitando una reunión conmigo para explicarme su proyecto de certificación de facilitadores de sesiones de Coaching con caballos.
Su honestidad al explicarme cómo me encontró en internet, su sinceridad al admitir que no tenía claro el para qué quería esta reunión pero que se había dejado llevar por su intuición, y mi curiosidad por saber cómo aplicaba la metodología Coaching en sus sesiones con caballos, me hizo aceptar esa primer reunión sin ningún tipo de duda, y con el tiempo he comprobado que ha sido un gran acierto.

Tras varios encuentros, pude comprobar que Eliane además de ser una gran profesional en el ámbito de la formación, del coaching personal y coaching ejecutivo, compartía conmigo la visión, valores y perspectivas sobre el Coaching. De ahí surgió la posibilidad de colaborar en su proyecto, una gran oportunidad para mí. Pero todavía me quedaba un asunto por resolver antes de darle el “sí quiero” a su propuesta: vivir cómo cliente unas sesiones de coaching con caballos.

Dicho y hecho, me trasladé a Cardedeu, donde Eliane trabaja con sus propios caballos, y lo primero que me sorprendió fue verlos en libertad y cómo uno de ellos decidió acercarse a mí y a la zona de trabajo, él me escogió para trabajar y no yo a él, y me pareció un gran comienzo.

Mi sesión se inició con unos ejercicios de relajación para dejar fuera todo el ruido que yo traía y así poder centrarme en el objetivo que quería trabajar. Cuando ya estuve preparada, Eliane me ayudó a definir qué objetivo quería llevarme de esa sesión, y fue “trabajar mi serenidad”.

Una vez dentro de la zona de trabajo, y sin pautas ni consejos por parte de la coach, me tocó averiguar cómo podía trabajar mi objetivo en la interacción con el caballo. De repente, tras varias intentonas de tocar al caballo pude sentir cómo aquello que me preocupaba de mi realidad se estaba produciendo delante de mis ojos: yo intentaba conseguir un resultado inmediato, quería que el caballo me diera una respuesta, y en lugar de eso, el caballo se incomodaba y se alejaba cada vez más de mí. Y allí estaba yo en una esquina de la pista de trabajo, mientras que el caballo, Flynn, había huido hacia el otro extremo e incluso se había girado para no verme. La frustración comenzaba a aparecer en mí, pero me di cuenta de algo: si quiero trabajar la serenidad debo reaccionar de manera calmada cuando las cosas no salen cómo quiero o en el momento que quiero. Esta toma de consciencia me ayudó a cambiar mi perspectiva de esa situación, y eso fue un alivio para mí.
De repente, Eliane me hizo una simple pregunta: “¿cómo te sientes?” y no pude más que verbalizar la reflexión a la que había llegado en ese momento: “no me siento frustrada, debo darle su tiempo, esto no es una competición”. En ese preciso momento, ocurrió algo que me ayudó a conectar con mis emociones, Flynn se dio la vuelta, se acercó a mí y bajo la cabeza para que pudiera tocarle. Una vez finalizada esta parte de la sesión, y después del gran trabajo de Flynn, Eliane me ayudó a través de preguntas a aplicar lo aprendido en mí día a día. Establecí un compromiso de cambio y unas acciones que hoy, sigo llevando a cabo.

Nunca pensé que el trabajo con caballos podría tener tanto impacto en tan poco tiempo. Ni que la metodología Coaching podía encajar tan bien con este tipo de sesiones. Me sorprendió ver como Eliane, maneja y respectaba las fases de una sesión de Coaching, no había juicios ni pautas, solo la definición de un objetivo, una toma de consciencia, y un plan de acción para el cambio.

Prepara tu mente para el cambio

 

¡Llegó la vuelta al cole!

De nuevo, nuestro despertador se encarga de sacarnos de los brazos de Morfeo para traernos al mundo real.
Atrás quedan las inacabables noches de verano, los diminutos granos de arena en nuestros pies descalzos y el soniquete de las olas rompiendo en el malecón…

Ya estamos en septiembre… mes de los anhelos del verano, las quejas del presente,los buenos propósitos para el futuro y las grandes excusas, que una vez más, nos acompañan para dulcificar aquello que se ha convertido en una verdad a gritos: nos cuesta asumir el riesgo que supone hacer un cambio en nuestra vida.

No pasa nada por admitirlo. Es más, es preferible ser honestos con nosotros mismos y reconocer que nos resulta difícil salir de nuestra zona de confort (zona insatisfactoriamente segura) y que, por mucho que queramos hacer o conseguir cosas diferentes, llenamos nuestra cabeza de mucha teoría pero poca acción (y como consecuencia de esto nos frustramos, desanimamos…)

Los miedos, inseguridades y la tan temida incertidumbre sobre nuestros futuros éxitos o fracasos, diluyen nuestras ganas y motivación y redirigen todas nuestras energías hacía la creación de pensamientos negativos sobre las consecuencias de haber decidido ir a por nuestros objetivos.
Ante tanta expectativa catastrófica (“y si me sale mal”, “y si pierdo lo que tengo”, “y si no estoy a la altura”, “y si no soy capaz”, etc.) y emociones paralizantes (miedo, impotencia, desaliento, resignación, etc.) ni Superman sería capaz de tirar hacia adelante con sus retos.

¡Pero esto no es el fin!, ya que a pesar de vivir malas rachas de pensamiento cenizo, no eres la primera persona ni la última que es capaz de revertir esta tendencia a la comodidad y la evitación de la incertidumbre y del riesgo. ¡Tú puedes hacerlo!

Si estás dispuesto/a a combatir la falsa pereza, y empezar a realizar cambios en tu vida debes tener claro que “Roma no se construyó en una hora”, y que el primer paso para alcanzar tus metas es preparar tu mente.

ASUME TU PARTE DE RESPONSABILIDAD DE TU ÉXITO

Tú eres el responsable de que los cambios se produzcan, ya que tú creas en tu mente las inseguridades y miedos necesarios para no dar el primer paso. Es una manera de protegerte, pero a veces la vida pasa por asumir riesgos y así lograr aquello que deseamos.

“Los miedos son monstruos que crecen en nuestra mente, se nutren de nuestras inseguridades y destruyen nuestros sueños”

Aunque te vengan a la cabeza situaciones pasadas donde no conseguiste los resultados que esperabas, recuerda que fuiste tú quien decidió tachar de fracasos esas vivencias  en lugar de dotarlas de significado para aprender y avanzar en tu camino.

Ser responsable es admitir qué quieres algo diferente, que necesitas una situación más satisfactoria, y que ¡te mereces conseguirlo!
Además, ser responsable significa también ser realista con los recursos de los que dispones, sin que esto te haga abandonar en tu empeño. Todo lo contrario, indagar en tus habilidades, recursos y fortalezas, trabajar tu creatividad y buscar ayuda si es necesario, te ayudará a tener un espíritu más positivo y creer más en tus posibilidades de éxito.
No te quedes sólo con aquello que te falta, porque crearás una imagen distorsionada de ti mismo, harás disminuir tu autoestima y te condenarás a vivir perpetuamente en tu zona de confort.

Si quieres preparar tu mente nútrela de historias de superación, aliméntate de las experiencias de otros… o incluso ¡pide ayuda a un coach para que te impulse hacia tu objetivo!

“Haz todo lo necesario para preparar tu mente, ya que sino cambias tus pensamientos y emociones no generarás las acciones adecuadas para conseguir los cambios que deseas”.

 

¿Qué es Coaching?

¡Nos encontramos en plena Semana Internacional del Coaching!
Por este motivo, estos días abundan las conferencias sobre qué es y para qué sirve esta metodología que se ha puesto tan de moda en la última década.

Muchas personas me trasladan sus dudas sobre para qué sirve un coach, o si esta metodología es efectiva en todos los casos. En gran parte, esto es consecuencia de la utilización masiva del término para servicios que poco o nada tienen que ver con la verdadera metodología.

Empecemos por definir qué es esto del Coaching, y para ello voy a tomar la definición que proporciona la International Coaching Federation (ICF). Según esta federación, el Coaching es una relación profesional continuada que ayuda a que las personas produzcan resultados extraordinarios en sus vidas, carreras u organizaciones. A través de este proceso los clientes ahondan en su aprendizaje, mejoran su desempeño y refuerzan su calidad de vida.

Un coach es un profesional de la metodología Coaching que acompaña a su cliente en un proceso de reflexión, descubrimiento, cambio de perspectiva, aprendizaje y acción. Para ello, el coach está formado en competencias tales como la escucha activa, la integridad, empatía, creatividad, flexibilidad y tolerancia, gestión del cambio, gestión emocional, autodesarrollo, etc. y además utiliza marcos de referencia derivados de diferentes ramas de la Psicología.

En un proceso de Coaching el cliente viene a obtener resultados distintos a los que ha tenido hasta ahora en una situación concreta, un ámbito de su vida, una meta profesional, etc.
Con esta metodología se establece una sintonía entre el coach y su cliente, una relación de confianza mutua. Además el cliente se siente escuchadono juzgado por sus opiniones, deseos o maneras de entender las situaciones que le preocupan. El coach ofrece nuevas perspectivas de la situación a trabajar, promoviendo un enfoque positivo que fomente el cambio en el cliente.
El cliente sabe que el coach tiene las competencias, conocimientos y herramientas necesarias para acompañarle en su camino hacia el cambio pero siempre promoviendo la autonomía, el desarrollo personal y el poder de decisión del propio cliente.

En este “caminar juntos” el coach se posiciona al lado del cliente, confiando en él y desde la humildad.

No somos gurús, porque nuestros clientes no necesitan que alguien les ilumine con sus conocimientos y les indique cuál es el mejor camino para ellos. Nuestros clientes son personas como tú, llena de recursos personales, capacidades y competencias, que se encuentran a las puertas de su proceso personal de cambio y necesitan una ayuda profesional para mejorar sus resultados.

Si quieres saber más aspectos sobre esta metodología, puedes echarle un vistazo a mi colaboración sobre ¿Para qué sirve el Coaching? publicado en la versión digital de la revista Buena Vida de El País, o conocer opiniones de mis clientes sobre sus procesos de Coaching  en  mi apartado Testimonios.

 

Los micromachismos en Máster Chef

Hoy me he levantado con un artículo sobre Master Chef que se publicó esta semana en la versión digital de El País. La verdad es que no suelo ver este programa, así que desconocía los comentarios machistas que algunos miembros del equipo dirigen a compañeras y concursantes. Entiendo que muchos defensores del programa pueden llegar a tacharme de alarmista o exagerada. Pero siguiendo la Teoría del Caos, podríamos entender que una pequeña acción o cambio, puede tener grandes efectos o consecuencias. Por tanto pequeños comentarios machistas en programas de televisión con altos índices de audiencia pueden perpetuar la violencia blanda hacia las mujeres.

“El simple aleteo de una mariposa puede provocar un tornado al otro lado del mundo”.
Efecto Mariposa (Teoría del caos)

Y es que tal y como se comenta en este artículo, los pequeños comentarios tales como preguntarle a una mujer que si su marido le da permiso para concursar, o decirle a una de las cocineras que forman parte del jurado que tenga cuidado con las calorías al probar un postre, no son de recibo a estas alturas de la película.

Tal y como comento en mi colaboración para el Blog de Mujeres Fuertes de laboratorios Ordesa, los micromachismos son otra forma de violencia blanda. Son pequeñas prácticas del día a día realizadas por los hombres hacia las mujeres, con las que se favorece la dominación de la mujer. Pueden ser simples comentarios o pequeñas acciones cotidianas con las que convivimos en nuestro día adía y que pasan casi desapercibidas debido a que están muy arraigadas en nuestra cultura o sociedad.
Siguiendo a Luis Bonino, experto en este tema, los micromachismos se pueden clasificar en tres tipos:

  • Los micromachismos directos: son aquellos actos y actitudes que el hombre realiza y para los que usa la fuerza moral, psíquica, económica o de su carácter para dominar a la mujer y convencerlas de algo. Por ejemplo: control del dinero, insistencia abusiva hasta que consigue lo que quiere, usar el espacio común como únicamente propio dejando a la mujer si su espacio, etc.
  • Los micromachismos encubiertos: en este tipo de micromachismos, la sutileza de los actos y actitudes del hombre hace que quede oculto su objetivo, que no es otro que la dominación y sometimiento de la mujer. Por ejemplo, actitudes paternales hacia la mujer, el chantaje emocional, evitar la intimidad con la mujer, etc.
  • Los micromachismos de crisis: estos micromachismos se producen en momentos de la vida de la mujer en los que ha ganado poder y autonomía frente al hombre y éste lleva a cabo estrategias determinadas para que vuelva a posicionarse en un lugar inferior a él. Por ejemplo, el victimismo, el distanciamiento como método de presión para que la mujer se sienta culpable de su éxito, el verbalizar que va haber un apoyo en la tareas domésticas aunque luego nunca sea efectivo, etc

 

Entiendo que los programas de televisión están para entretener, pero no deben de olvidarse que son un medio de transmisión de conocimientos, actitudes y valores.

Los micromachismos son una forma de violencia a las mujeres, fomentan el sometimiento y dominación de la mujer y se pueden convertir en la antesala del maltrato físico o psicológico hacia. Por tanto no podemos aplaudirlos sea quien sea quien los lleve a cabo.

¿Cuándo debo iniciar un proceso de Coaching?

 

El Coaching es una metodología que ayuda a las personas a alcanzar sus objetivos a través de la toma de consciencia, el aprendizaje transformacional, el cambio de perspectiva, el enfoque hacia la meta, la planificación de acciones y otros muchos elementos que condicionan y potencian nuestros resultados.
Pero no todo el mundo tiene muy claro cuándo es el momento adecuado para iniciar un proceso de Coaching.

En este sentido, un primer aspecto a tener en cuenta es la voluntariedad.
Es decir, es importante que quieras realizar el proceso y no te sientas obligado porque  otras personas te digan que debes hacerlo, o directamente te obliguen a realizarlo. No hagas caso de frases tales como tienes que hacerlo para cambiar de una vez”“debes empezar un coaching porque esto no puede continuar así” o “hoy en día si no haces Coaching, no progresas en la vida”. Por favor, no hagáis caso de estas imposiciones, ya que la falta de motivación frente al proceso o el desinterés provocado por hacer algo “que tengo que hacer pero no quiero”, es contraproducente para el propio proceso de cambio.

Por otro lado es importante tener claro un objetivo a alcanzar.
El Coaching está de moda, y muchas personas vienen a la sesión sólo “para ver qué pasa”, sin tener un aspecto, situación o ámbito donde se sienta insatisfecho y quiera mejorar.
Para que un proceso de Coaching sea Coaching, valga la redundancia, es necesario que exista una brecha en nuestra desarrollo vital, y que ésta nos provoque una necesidad de aprendizaje. Esta brecha puede ser en positivo, como por ejemplo, “me han ascendido y quiero aprender a liderar equipos”, o bien en negativo “siento que no me comunico bien con mi pareja y quiero aprender a hablar con él de una manera calmada”.

Por último, para saber si es tu momento para iniciar un proceso de Coaching, es necesario  aceptar que eres tú mismo el responsable del cambio.
Los coaches no tenemos una varita mágica con la que cambiar la situación sin que el cliente ponga algo, o todo, de su parte. Es necesario que aceptes que eres tú el protagonista y responsable de este proceso. Pero ¡tranquilo! vas a estar acompañado por un profesional con las competencias necesarias para generar un contexto de aprendizaje seguro donde poder trabajar obstáculos, descubrir y desarrollar recursos, y sobretodo, cambiar el tipo de observador que eres ante los problemas o dificultades de tu vida.

Espero haberte ayudado a aclarar ideas. Si después de leer esto, piensas que tu momento de cambio ha llegado, ¡no dudes en solicitar una primera sesión gratuita!

Mi pareja tiene hijos: ¡soy una madrastra!

 

Lo reconozco, soy un madrastra. Pero tal vez, puestos a encontrar similitudes con los cuentos, me parezco más a la alocada hada madrina, que a la horrorosa señora con cara de acelga que intenta convertir la vida de sus “hijastros” en un continuo sufrimiento.

Y es que los cuentos han hecho mucho daño… y  no dudo que el señor Walt Disney fuera un genio creando bellas princesas, apuestos príncipes y mundos maravillosamente esponjosos, pero sin ánimo de ofender, a nosotras las madrastras no nos ha retratado con mucho cariño.

Si nos esforzamos en buscar semejanzas con esos personajes desdibujados que a veces nos representan en la ficción, podemos decir que nosotras también le damos vueltas a la cabeza pensando y repensando planes efectivos, pero no para hacer sufrir a nuestros hijastros, si no para encontrar la mejor manera de construir esta nueva familia, nuestra familia.
Este propósito no es una hazaña sencilla, hay que armarse de paciencia, compromiso y tolerancia para entender la situación desde todos los prismas, aunque a veces nos resulte dificultoso ponernos en la piel de los otros.

Cuando tu pareja tiene hijos, debes  aceptar que esta relación implica dejar de lado estúpidas luchas de egos y olvidar el “cómo hubieran sido las cosas si nos hubiéramos conocido antes”Las buenas madrastras han sabido dejar atrás estos lastres, olvidarse de culpabilidades y otros demonios, y adaptarse a la oportunidad de compartir su vida con su pareja (y otras personitas…)

Es en el momento posterior a la aceptación cuando, “sin arte de magia” sino con paciencia, recursos y dosis de humor, las buenas madrastras convertimos cualquier ocasión en momentos en familia; desaparecemos “sin polvos mágicos” para que los hijos puedan disfrutar a solas de su padre; e intentamos estar ahí cuidando y preocupándonos de nuestros hijastros aunque tengamos que hacernos invisibles como las hadas, hasta que ellos pronuncian nuestro nombre.

Pese a los prejuicios de otras personas, de áquellos que nos señalan como las malas del cuento, yo voy a seguir construyendo mi propia historia donde las buenas madrastras son hadas que han sabido adaptarse a la realidad, los hijastros son príncipes y princesas que llevan la situación de la mejor manera que saben, y el rey se ocupa y preocupa también de que “todos comamos perdices”.

En fin, no sé si Walt Disney estaría de acuerdo con todo esto…pero reconozco que tampoco me importa. Es más, me niego a continuar mi camino con esta etiqueta que lleva a cuestas connotaciones negativas.

A partir de hoy, ¡me nombro madrinastra!, es decir, persona que construye con su pareja y los hijos de ésta, una nueva familia desde la responsabilidad, el  cariño y el respeto mutuo, simplificando lo complicado con humor, creatividad y un poco de magia.

 

La felicidad a los 35

 

Hoy cumplo 35 años y soy feliz. No feliz del tipo “tengo mucha suerte en la vida”, “el destino me sonríe”… Mi modo de sentir felicidad se acerca más a las afirmaciones “me siento capaz de conseguir lo que quiero”, “me conozco y me respeto”, “me quiero como soy”, “disfruto con lo que hago”… En este momento de mi vida me he dado cuenta que la constancia, la energía y el esfuerzo que he destinado a la difícil hazaña de cambiar mi mundo, ha merecido la pena. Por eso, desde la experiencia de aquella que ha conseguido “creer en sus posibilidades” partiendo de un sentimiento de “y si las cosas me salen mal”, “y si no soy como esperan de mi”… hoy que cumplo 35 años, quiero regalarme el lujo de dar mi versión de los hechosMi mundo cambió cuando dejé de intentar cambiar el mundo que estaba fuera de mí. No me entendáis mal, no estoy diciendo que no desee una sociedad más justa, un mundo más igualitario o un mercado laboral donde realmente todos tengamos nuestra oportunidad. Me refiero más bien a que un día dejé de culpar a los demás (a la crisis, a mis jefes, a la mala suerte o al dichoso azar, etc.) y comencé a responsabilizarme de mi presente. Entonces entendí que los cambios que yo podía gestionar son los que dependían de mi misma, y dado que la vida funciona como un engranaje casi perfecto de actos y consecuencias, de relaciones entre partes de un todo…al focalizarme en qué cosas quería cambiar de mi misma, mi mundo dio giro inesperadoCreer en uno mismo cuesta, pero merece la pena. No os voy a engañar, combatir los pensamientos negativos, miedos e inseguridades que forman parte de nuestro día a día es un duro trabajo. Hace ya algunos años que yo lo convertí en una obligación y comencé a actuar bajo la máxima de: “¡Arriésgate!, puede que te cueste, puede que lo pases mal un día, pero seguro que merecerá la pena!”. Con esta frase fui afrontando situaciones complicadas para mí, aunque las primeras veces no pude evitar entrar en pánico. Siendo justa os he de reconocer que en mis inicios con este nuevo enfoque me costaba horrores mantener el tipo (dichosos miedos irracionales…) Pero con el tiempo me di cuenta que había conseguido convertir situaciones desagradables en pequeños retos; cambiar pensamientos negativos en ideas que me empujaba a la acción tales  como “Eva, vaya bien o vaya mal, siempre has sido capaz de superar cualquier obstáculo” y así obtuve ejemplos, en mi memoria había, y todavía permanecen, muchos ejemplos en los que yo había conseguido alcanzar pequeños objetivos, o al menos no había muerto en el camino. Aprender a decir adiós a personas, cosas, situaciones y errores del pasado. Resulta absurdo ver con que ahínco nos amarramos a elementos de nuestro pasado. Da igual que duela o no, incluso a veces parece que cuanto más nos lastima más aferrados estamos y menos posibilidad tenemos de dejar atrás aquellas sogas. Para ser feliz, he tenido que descubrir aprendizajes de mis errores, ahora recuerdo con más fuerza las enseñanzas de esas vivencias que el resentimiento de esos fallos. Supongo que es por esto que alguno de los fracasos que en el pasado había etiquetado como “el fin de mundo”, hoy en día me parecen tan chiquititos. Podría decirse que han pasado de ser agujeros negros a diminutos puntitos brillantes dentro de mi gran universo; y se ven tan lejos… Con las personas me ha sucedido lo mismo; alguien me dijo una vez “no puedes llenar tu vida de gente que merezca la pena si la tienes abarrotada de cualquier tipo de gente”. Yo apliqué a pies juntillas esta frase y me sirvió para darme cuenta qué relación tenía con esas personas que abarrotaban mi vida. Fue duro sacar a personas que algún día yo había amado, y que en algún momento también me habían querido. Pero la vida va de esto, de dejar espacio para que quepa lo bueno. Creo que por hoy ya está bien de pensar, así que concluyo mis reflexiones con un último pero importante descubrimiento: da igual lo que has vivido, no importa lo que está por venir; el presente es lo único que tenemos ahora así que debemos disfrutar de él en cada momento. Os dejo por ahora, ¡voy a disfrutar de mi día!

 

¡Motívate para este 2014!

Sólo queda un día para dar carpetazo a este año, y la necesidad de hacer balance de 2013 se está apoderando de mí…y de muchos de vosotros, ¿no es cierto?…

Toca recordar cómo nos ha ido estos 365 días, pero en la mayoría de los casos sólo logramos hacer recuento de nuestras hazañas incompletas o de aquellas promesas que no hemos cumplido: los kilos que siguen acompañándonos, la ropa de gimnasio aún sin estrenar, el libro de inglés que todavía no hemos abierto, la guía de Oslo que no hemos llegado a utilizar, etc.

Tanto peso damos a nuestros pequeños errores, nuestros fracasos puntuales, que nos olvidamos por completo de todo lo que hemos conseguido: el tiempo que hemos compartido con aquellos que queremos, las veces que nos hemos levantado tras una caída, los exámenes aprobados, las entrevistas exitosas, los “sí, por supuesto”, y todos los recursos y estrategias que hemos aprendido para llegar a este final de año.

¿Cómo vamos a conseguir nuestros objetivos en 2014 si comenzamos el año totalmente desmotivados?
Imaginaros que os compráis el mejor coche que hay en el mercado para que os lleve al destino que siempre habéis querido, pero  al intentar arrancarlo, os dais cuenta que ¡el depósito de gasolina está vacío y ya no os queda dinero para llenarlo!. Parece absurdo, ¿no?Pues algo parecido nos pasa cuando redactamos una estupenda  y maravillosa lista de buenos propósitos para el año nuevo (“el mejor coche del mercado”), desde la desmotivación que nos provoca el creer que no hemos conseguido nada en el año anterior (“depósito vacío de gasolina”)

Por este motivo, os propongo un ejercicio a realizar para ¡llenar nuestro depósito de energía y comernos este 2014!

Se trata de hacer un listado de todas aquellas pequeñas cosas o situaciones que os han proporcionado satisfacción y alegría en este año que termina. Por ejemplo, esa quedada que hicisteis con vuestros amigos de toda la vida”, el nacimiento de tu sobrino/a, la entrevista de trabajo que te salió tan bien, la fuerza que demostraste ante tu separación, aquello que tanto miedo te daba y te atreviste a llevar a cabo, la tarde de risas con tus amigos, esa película que te encantó, el libro que te mantuvo enganchado, etc…

Pero no se trata de escribir las 5 primeras cosas que se os ocurran, sino de recordar 52 cosas o situaciones agradables (grandes o pequeñas) que os sucedieron en este 2013.
¡Sólo son 4 situaciones por mes!

Vamos a despedir el año cómo toca, ¡llenos de energía!