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¿Cuándo debo iniciar un proceso de Coaching?

 

El Coaching es una metodología que ayuda a las personas a alcanzar sus objetivos a través de la toma de consciencia, el aprendizaje transformacional, el cambio de perspectiva, el enfoque hacia la meta, la planificación de acciones y otros muchos elementos que condicionan y potencian nuestros resultados.
Pero no todo el mundo tiene muy claro cuándo es el momento adecuado para iniciar un proceso de Coaching.

En este sentido, un primer aspecto a tener en cuenta es la voluntariedad.
Es decir, es importante que quieras realizar el proceso y no te sientas obligado porque  otras personas te digan que debes hacerlo, o directamente te obliguen a realizarlo. No hagas caso de frases tales como tienes que hacerlo para cambiar de una vez”“debes empezar un coaching porque esto no puede continuar así” o “hoy en día si no haces Coaching, no progresas en la vida”. Por favor, no hagáis caso de estas imposiciones, ya que la falta de motivación frente al proceso o el desinterés provocado por hacer algo “que tengo que hacer pero no quiero”, es contraproducente para el propio proceso de cambio.

Por otro lado es importante tener claro un objetivo a alcanzar.
El Coaching está de moda, y muchas personas vienen a la sesión sólo “para ver qué pasa”, sin tener un aspecto, situación o ámbito donde se sienta insatisfecho y quiera mejorar.
Para que un proceso de Coaching sea Coaching, valga la redundancia, es necesario que exista una brecha en nuestra desarrollo vital, y que ésta nos provoque una necesidad de aprendizaje. Esta brecha puede ser en positivo, como por ejemplo, “me han ascendido y quiero aprender a liderar equipos”, o bien en negativo “siento que no me comunico bien con mi pareja y quiero aprender a hablar con él de una manera calmada”.

Por último, para saber si es tu momento para iniciar un proceso de Coaching, es necesario  aceptar que eres tú mismo el responsable del cambio.
Los coaches no tenemos una varita mágica con la que cambiar la situación sin que el cliente ponga algo, o todo, de su parte. Es necesario que aceptes que eres tú el protagonista y responsable de este proceso. Pero ¡tranquilo! vas a estar acompañado por un profesional con las competencias necesarias para generar un contexto de aprendizaje seguro donde poder trabajar obstáculos, descubrir y desarrollar recursos, y sobretodo, cambiar el tipo de observador que eres ante los problemas o dificultades de tu vida.

Espero haberte ayudado a aclarar ideas. Si después de leer esto, piensas que tu momento de cambio ha llegado, ¡no dudes en solicitar una primera sesión gratuita!

¡En plena tormenta!

Septiembre es el mes de los nuevos comienzos…

Comienzo el colegio, el trabajo, la búsqueda de empleo, la dieta y el gimnasio, el curso de inglés, etc.
De nuevo un sinfín de propósitos se agolpan en nuestras despejadas cabezas, y otra vez más miles de “impedimentos” y “obstáculos” desgastan a nuestra voluntad de cambio.

Dejamos atrás los días soleados de tranquilidad y positivismo en los que creemos firmemente que esta vez sí, alcanzaremos nuestros objetivos. Y poco a poco las nubes van apareciendo en nuestro horizonte disfrazadas de: ¡no puedo hacerlo!, ¡no lo conseguiré!…

Para evitar el chaparrón que diluya todas nuestras motivaciones, debemos ser honestos con nosotros mismos, ya que de nada sirve que nos repitamos una y otra vez: ¡puedo hacerlo!, ¡Voy a conseguirlo!, escribamos en un papel nuestro objetivo y lo escondamos en un cajónsólo con el deseo que la “suerte” haga el resto.

Para que esto no ocurra y éste sea vuestro momento de cambio, os dejo una serie de reflexiones:

1.        Para conseguir alcanzar tus objetivos debemos sentir realmente que nos lo merecemos.
Piensa en tu gran compañero/a, puede ser un amigo, tu pareja o un familiar…alguien imprescindible en tu vida, esa persona a la que adoras y por la que darías todo para ayudarla.
¿Tienes esa persona en mente?
¿Te imaginas diciéndole a esa persona ante un nuevo trabajo, una nueva relación u otro tipo de proyecto “no vas a tener éxito porque no te mereces que te vaya bien las cosas”? ¿Qué clase de amigo/a serías?
¿Es justo que hagas contigo lo que no deseas para tu ser más querido?
“Tú eres la única persona con la que pasarás el resto de tu vida, puede que ya sea hora de comenzar a tratarte a ti mismo como el mejor compañero de viaje”.

2.        El cambio empieza en ti mismo.
“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein.
Si tu manera de hacer las cosas no te ha dado el resultado esperado ¡es hora de cambiar!
Analiza la realidad de manera objetiva, conoce los recursos que posees, las fortalezas que residen en ti, que has demostrado en otras épocas, en diferentes circunstancias y atrévete a ponerlas en marcha en este camino hacia tu objetivo.
Estudia las alternativas, busca los recursos que no poseas y crea nuevas oportunidades ¡haz, haz, haz!
Tu realidad empezará a cambiar cuando te des cuenta que tú eres el responsable de esos cambios.

 3.        Todo camino empieza por un primer paso.
No estoy descubriendo nada si digo que nuestras metas, por lejanas que parezcan, están formadas de pequeños objetivos alcanzables. Es importante planificar cuáles son estos objetivos, qué necesitas para conseguirlos, cómo lo deberás hacer para que sea más efectivo y por supuesto, en qué plazo de tiempo debes lograrlo para que el camino hacia tu meta sea factible.
Toda casa, sea modesta o majestuosa, empezó de la misma manera: con “el diseño del plano”.
Te invito a que realices el “plano de tu meta”, qué diseñes los pasos que lo conformaran, y que lleves a cabo la planificación de tiempo, recursos y costes… ¡Conviértete en el arquitecto de tu sueño!

4.        Solo tropieza aquel que anda el camino.
Nadie es perfecto, porque nadie nos obliga a serlo.
El error sólo es negativo para aquellos que no aprenden de él.
Si fallas o te equivocas y estás a punto de tirar la toalla, recuerda tu infancia…aquel periodo de tu vida en el que todo lo que hacías era eso “hacer”. No importaba cuántas veces te cayeras de la bicicleta, o encajaras la pieza incorrecta en tu puzzle preferido…en tu cabeza todavía no existía el miedo a hacerlo mal, a perder, a no ser capaz.  Sólo tenías una función “aprender” la manera de conseguir lo que querías (hablar, terminar un puzzle, montar en bicicleta, jugar al fútbol,  etc).

¡Vuelve a ese sentir!, ¡experimenta, disfruta del aprendizaje!, ¡y si te caes…levántate y busca otras maneras de seguir!

 Incluso en estos tiempos de tormenta, existe espacio para la luz.

¡Te invito a que dejes las nubes a un lado y comiences tu andadura!

 

 

¡No pierdo el tiempo, descubro el mundo!

David está observando atentamente una araña que está trepando por  el cristal de la ventana. Contempla los movimientos de la araña. Y eso le lleva a hacerse preguntas al respecto. Mamá está a punto de salir para hacer la compra.

-Vamos, David -le dice-. ¡Deja de perder el tiempo!

-Hay una araña mamá, ¡ ven y mira!- dice David.

La madre piensa que David está perdiendo el tiempo, ¿para qué mirar a una araña? Agarra a David por el brazo y se lo lleva: hay que hacer la compra.

Robert Fisher, Cómo desarrollar la mente de su hijo (Obelisco, 2003)

¿Cuántas veces hemos actuado de la misma manera?, ¿qué acciones o conductas tachamos de ser “pérdida de tiempo” para nuestros hijos?

Uno de los errores más comunes del adulto en nuestra sociedad reside en trasladar la propia valoración del tiempo a nuestros hijos. Juzgamos su presente, a través de una visión adulta, que por lo general muestra estar condicionada por creencias que nos obligan  a aprovechar al máximo nuestro preciado tiempo.

Durante años, he trabajado en el área de consultoría, aprovechando cada minuto de mi extensa jornada laboral.

 Asfixiada por las prisas, los plazos de entrega, los ratios a conseguir, las jornadas interminables…llegaba por fin: ¡el esperado fin de semana!, y por desgracia  la dichosa agenda para disfrutar ¡del tiempo libre!: ordenar la casa, ir al cine, cenas, compromisos y casi sin darme cuenta llegaba de nuevo a la mañana del lunes con la sensación de “haberme faltado tiempo” para descansar.  Y mientras continuaba en esta espiral de prisas, de cosas qué hacer, soñaba con el día en el que tuviera “tiempo para no hacer nada”.

Si tanto valoramos el tiempo, ¿por qué no dejamos que nuestros hijos disfruten del suyo?

Aquello que para un adulto puede resultar una pérdida de tiempo, como contemplar una araña en el relato de Robert Fisher, para nuestros hijos  puede provocar la curiosidad, una de las motivaciones básicas que nos conducirán a las ganas de aprender.

Si queremos para nuestros hijos, un futuro lleno de aprendizaje, conocimiento y sabiduría,  es importante que les ofrezcamos en el presente la paciencia necesaria para dejarles  que “pierdan el tiempo siendo niños curiosos”.

Nuestros hijos deben descubrir el mundo que les rodea como niños para que dentro de unos años, puedan entenderlo como adultos.