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¿Qué le dices a tu cerebro?

Escucho hablar a la gente, y presto atención a los pensamientos negativos que  se dedican verbalizándolos en voz alta casi sin pestañear. Ante tanto “yo no soy capaz”, “yo haría el ridículo” , “no soy tan listo como vosotros”, me surge el siguiente planteamiento:

¿Conocemos realmente los efectos de estos  mensajes autodestructivos?

La autoestima es la imagen y valoración que cada individuo posee de sí mismo, y paradójicamente gran parte de la población se pasa la vida juzgándose a través de la mirada de otros. Esto provoca una cadena de pensamientos negativos que predisponen a nuestro cerebro a sesgar la información que percibimos.
El resultado de este bucle: cada día recibimos auto-inputs que corroboran nuestra teoría “no somos lo suficientemente…” (seguro que a muchos de vosotros os resultaría fácil rellenar estos puntos suspensivos).
Estos inputs retroalimentan de nuevo los pensamientos negativos que destruyen la valoración de nosotros mismos, y volvemos a empezar la dichosa rueda.

Tal y como recoge Eduard Punset en su libro “Excusas para no pensar”, algo tan habitual como los pensamientos negativos nos afectan a nivel cerebral:

<<Nuestros cerebros operan conforme al pensamiento, la memoria, las emociones, la imaginación, y cuando pensamos en algo funesto funcionamos mal: estamos proporcionándole al cuerpo sustancias para un desgaste innecesario. Algunas personas destruyen activando los mecanismos del estrés: sus preocupaciones imaginadas acaban convirtiéndose en un problema serio. Hay estudios que confirman que algunas partes del cerebro quedan devastadas por pensamientos y preocupaciones que no tienen nada de reales.>>.

¿Y si comenzáramos a valorarnos desde una mirada positiva, cercana, honesta y global de nosotros mismos?

Cuando aceptas que no eres ni tienes que ser perfecto, tus “antiguos fallos” comienzan  a dejar paso a nuevas fortalezas. En ese momento el estrés que esto provocaba desaparecen de tu cerebro y llegan las alternativas, las nuevas opciones, la mirada hacia la solución y no hacia el problema.

Como ves, algo tan sencillo como un simple pensamiento negativo puede convertirte en el verdugo de tu propio cerebro.

Si quieres potenciar tus capacidades cognitivas, te ayudará saber que este cambio está en tus manos, en tu lenguaje, y en tu pensamiento.