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¡No pierdo el tiempo, descubro el mundo!

David está observando atentamente una araña que está trepando por  el cristal de la ventana. Contempla los movimientos de la araña. Y eso le lleva a hacerse preguntas al respecto. Mamá está a punto de salir para hacer la compra.

-Vamos, David -le dice-. ¡Deja de perder el tiempo!

-Hay una araña mamá, ¡ ven y mira!- dice David.

La madre piensa que David está perdiendo el tiempo, ¿para qué mirar a una araña? Agarra a David por el brazo y se lo lleva: hay que hacer la compra.

Robert Fisher, Cómo desarrollar la mente de su hijo (Obelisco, 2003)

¿Cuántas veces hemos actuado de la misma manera?, ¿qué acciones o conductas tachamos de ser “pérdida de tiempo” para nuestros hijos?

Uno de los errores más comunes del adulto en nuestra sociedad reside en trasladar la propia valoración del tiempo a nuestros hijos. Juzgamos su presente, a través de una visión adulta, que por lo general muestra estar condicionada por creencias que nos obligan  a aprovechar al máximo nuestro preciado tiempo.

Durante años, he trabajado en el área de consultoría, aprovechando cada minuto de mi extensa jornada laboral.

 Asfixiada por las prisas, los plazos de entrega, los ratios a conseguir, las jornadas interminables…llegaba por fin: ¡el esperado fin de semana!, y por desgracia  la dichosa agenda para disfrutar ¡del tiempo libre!: ordenar la casa, ir al cine, cenas, compromisos y casi sin darme cuenta llegaba de nuevo a la mañana del lunes con la sensación de “haberme faltado tiempo” para descansar.  Y mientras continuaba en esta espiral de prisas, de cosas qué hacer, soñaba con el día en el que tuviera “tiempo para no hacer nada”.

Si tanto valoramos el tiempo, ¿por qué no dejamos que nuestros hijos disfruten del suyo?

Aquello que para un adulto puede resultar una pérdida de tiempo, como contemplar una araña en el relato de Robert Fisher, para nuestros hijos  puede provocar la curiosidad, una de las motivaciones básicas que nos conducirán a las ganas de aprender.

Si queremos para nuestros hijos, un futuro lleno de aprendizaje, conocimiento y sabiduría,  es importante que les ofrezcamos en el presente la paciencia necesaria para dejarles  que “pierdan el tiempo siendo niños curiosos”.

Nuestros hijos deben descubrir el mundo que les rodea como niños para que dentro de unos años, puedan entenderlo como adultos.